Lo que realmente sucede en la silla
Los daños por tratamientos químicos, calor o factores ambientales pueden parecer irreversibles.
Imagina que el cabello respira otra vez. Antes de empezar, humedecemos ligeramente, seccionamos en mechones finos y comprobamos cómo cede la fibra entre los dedos. Buscamos esa tensión justa que nos dice: “aquí falta soporte”.
Cómo lo usamos en salón
Saturación inteligente: empezamos por donde el daño es mayor (medios y puntas), con pasadas cortas y firmes. El producto no “flota”: se asienta. Peine de dientes anchos para distribuir, sin arrastrar.
Contacto suficiente, no exceso: cada mechón debe quedar uniforme, no empapado. El cuero cabelludo no necesita protagonismo aquí.
Pausa tranquila: dejamos que actúe sin calor agresivo. El cabello se relaja; esa rigidez inicial baja un punto.
Sellado de la sensación: al enjuagar y continuar el protocolo en salón, el peine ya no se traba; corre. Esa es la señal.
Qué se lograTacto más estable: al estirar un mechón, ya no “cruje” ni se siente gomoso.
Brillo natural, no aceitoso: las puntas dejan de verse opacas o blanquecinas.
Peinado dócil: menos frizz de raíz a punta, menos electricidad estática.
Mayor aguante al styling: el cepillo redondo trabaja con el cabello, no contra él.
Lo que evitamos para no arruinar el resultado
Calor directo y alto justo después: planchas al máximo sin protector solo restan.
Peinar con prisa cuando está húmedo: el cabello mojado cede más; jalones = roturas.
“Bloquear” el mechón antes del servicio: aceites pesados o siliconas sin aclarado pueden impedir que el producto haga su parte.
Mezclas sin criterio: no combinamos con alisados/queratinas de dudosa procedencia ni con procesos que tensen demasiado una fibra frágil.
Champús muy abrasivos en las primeras 48–72 h: desnudan el cabello y le quitan calma.
Cómo prolongar
Secado amable: toalla de microfibra y presión suave, no frotar.
Protección térmica siempre si vas a usar calor.
Mantenimiento en casa coherente: una rutina de reparación y acondicionamiento que acompañe el trabajo del salón, sin sobrecargar de proteínas si tu cabello ya es rígido.
Ritmo de sesiones: cuando el frizz vuelve antes de tiempo o las puntas se sienten ásperas al segundo día, es la pista de que tu cabello pide un refuerzo.
Lo más importante
No es un truco. Es diagnóstico + aplicación consciente + respeto por la fibra. Cuando se hace así, el cabello responde: se mueve con más seguridad, luce más limpio de luz y te devuelve la sensación de control.
Imagina tu cabello como una estructura con pilares internos. Cuando se debilitan, todo pierde forma. OLAPLEX trabaja como un ingeniero silencioso: ayuda a reconectar esos enlaces donde la fibra más lo necesita, devolviendo soporte, control y movimiento.

En salón, el dúo Nº.1 + Nº.2 es el punto de partida. Se aplica con intención, mechón a mechón, priorizando las zonas más sensibilizadas. Sin prisas, sin exceso de producto. El tiempo de pausa permite que el cabello recupere estabilidad; al peinar, el cepillo deja de trabarse y aparece un brillo limpio, no pesado.
En casa, la rutina continúa sin complicaciones:
Nº.3 Hair Perfector 1 vez por semana (más si tu estilista lo sugiere). Cabello húmedo, deja actuar al menos 10 minutos y enjuaga. Este paso prepara la fibra para el lavado.
Nº.4 Bond Maintenance Shampoo: limpia con respeto, sin arrasar la hidratación.
Nº.5 Bond Maintenance Conditioner: sella la cutícula, aporta suavidad y brillo que se sienten al tacto.
La clave es el orden: primero recuperar en el salón, luego mantener en casa. Tu estilista te dirá desde dónde empezar y con qué ritmo seguir, según cómo responda tu cabello.
¿Vamos al salón?