Lo que realmente sucede en la silla

Los daños por tratamientos químicos, calor o factores ambientales pueden parecer irreversibles.

Imagina que el cabello respira otra vez. Antes de empezar, humedecemos ligeramente, seccionamos en mechones finos y comprobamos cómo cede la fibra entre los dedos. Buscamos esa tensión justa que nos dice: “aquí falta soporte”.

Cómo lo usamos en salón

  • Saturación inteligente: empezamos por donde el daño es mayor (medios y puntas), con pasadas cortas y firmes. El producto no “flota”: se asienta. Peine de dientes anchos para distribuir, sin arrastrar.

  • Contacto suficiente, no exceso: cada mechón debe quedar uniforme, no empapado. El cuero cabelludo no necesita protagonismo aquí.

  • Pausa tranquila: dejamos que actúe sin calor agresivo. El cabello se relaja; esa rigidez inicial baja un punto.

  • Sellado de la sensación: al enjuagar y continuar el protocolo en salón, el peine ya no se traba; corre. Esa es la señal.
    Qué se logra

  • Tacto más estable: al estirar un mechón, ya no “cruje” ni se siente gomoso.

  • Brillo natural, no aceitoso: las puntas dejan de verse opacas o blanquecinas.

  • Peinado dócil: menos frizz de raíz a punta, menos electricidad estática.

  • Mayor aguante al styling: el cepillo redondo trabaja con el cabello, no contra él.

Lo que evitamos para no arruinar el resultado

  • Calor directo y alto justo después: planchas al máximo sin protector solo restan.

  • Peinar con prisa cuando está húmedo: el cabello mojado cede más; jalones = roturas.

  • “Bloquear” el mechón antes del servicio: aceites pesados o siliconas sin aclarado pueden impedir que el producto haga su parte.

  • Mezclas sin criterio: no combinamos con alisados/queratinas de dudosa procedencia ni con procesos que tensen demasiado una fibra frágil.

  • Champús muy abrasivos en las primeras 48–72 h: desnudan el cabello y le quitan calma.

Cómo prolongar

  • Secado amable: toalla de microfibra y presión suave, no frotar.

  • Protección térmica siempre si vas a usar calor.

  • Mantenimiento en casa coherente: una rutina de reparación y acondicionamiento que acompañe el trabajo del salón, sin sobrecargar de proteínas si tu cabello ya es rígido.

  • Ritmo de sesiones: cuando el frizz vuelve antes de tiempo o las puntas se sienten ásperas al segundo día, es la pista de que tu cabello pide un refuerzo.

Lo más importante

No es un truco. Es diagnóstico + aplicación consciente + respeto por la fibra. Cuando se hace así, el cabello responde: se mueve con más seguridad, luce más limpio de luz y te devuelve la sensación de control.

Imagina tu cabello como una estructura con pilares internos. Cuando se debilitan, todo pierde forma. OLAPLEX trabaja como un ingeniero silencioso: ayuda a reconectar esos enlaces donde la fibra más lo necesita, devolviendo soporte, control y movimiento.

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En salón, el dúo Nº.1 + Nº.2 es el punto de partida. Se aplica con intención, mechón a mechón, priorizando las zonas más sensibilizadas. Sin prisas, sin exceso de producto. El tiempo de pausa permite que el cabello recupere estabilidad; al peinar, el cepillo deja de trabarse y aparece un brillo limpio, no pesado.

En casa, la rutina continúa sin complicaciones:

  • Nº.3 Hair Perfector 1 vez por semana (más si tu estilista lo sugiere). Cabello húmedo, deja actuar al menos 10 minutos y enjuaga. Este paso prepara la fibra para el lavado.

  • Nº.4 Bond Maintenance Shampoo: limpia con respeto, sin arrasar la hidratación.

  • Nº.5 Bond Maintenance Conditioner: sella la cutícula, aporta suavidad y brillo que se sienten al tacto.

La clave es el orden: primero recuperar en el salón, luego mantener en casa. Tu estilista te dirá desde dónde empezar y con qué ritmo seguir, según cómo responda tu cabello.

¿Vamos al salón?

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